DONDE NO LLEGA NI EL DIABLO


 

Donde no llegaba ni el diablo, si llegaba yo dos o tres veces al año. Era a la vereda El Salado en Riosucio (Caldas). Una vereda donde nunca llegó en el “Carnaval del Diablo”, porque prácticamente todos sus habitantes eran indígenas emberá que vivían con pobreza, pero en paz. Me acordaban de la frase de Álvaro Gómez H “los pobres pertenecen a un mundo color de barro”. Más si son mineros. El diablo de estas fiestas de Riosucio es un diablo amable creado para unir a blancos, indios y negros que vivían aparte y en permanente conflicto. 

 Cerca al caserío estaba una mina de carbón “Carbonífera El Salado”, dedicada a producir carbón mineral especialmente para Cementos de Caldas. Con casi dos kilómetros de galerías, profundas galerías que me sentía asfixiado al recorrerlas, donde se extraía el mineral a pico y pala. Eran cerca de cincuenta trabajadores indígenas con la adición de un negro y un blanco en puestos claves. Uno dirigía las perforaciones y otro la reforestación de la zona en explotación.

Un sitio especial que dirigía un primo mío, Chorizo, alias José Fernando Londoño. Somos como hermanos y yo quería visitarlo cuando viajaba entre mi casa en Manizales y mi universidad en Medellín. A la mitad del camino. Creo mi viejo Land Rover se sabía la ruta y, como caballo resabiado por jinete borrachín ante la cantina, paraba bruscamente cuando pasaba al frente de la mina.

Una buena casa metálica, con perforaciones de bala por un asalto para robar las cosas de valor. Hirieron gravemente a un empleado que pudo frustrar el ataque. Lo mejor era una espectacular ducha con un potente chorro para partir bloques de carbón o curar guayabos. Además, un gran fogón de leña bien aprovechado por el glotón de mi primo.

Yo cargaba mi tiple que me atrevía a surrungear con unos buenos aguardientes. Algunas veces tuve la acertada compañía de algunos obreros, magníficos intérpretes de nuestra música andina.

Lo que más sorprendía, en esas breñas, era un piano que tocaba Norma Camargo (de familia de reconocidos músicos y compositores) esposa del geólogo César Duque. Alucinante escuchar a Debussy a la entrada de una mina en un lugar solitario.

Yo pude graduarme y abandoné mi ruta tradicional que pasaba por Riosucio. José Fernando cambió de oficio y así yo, el diablo sustituto, con su tiple y su aguardiente, se largó con su música a otra parte. 

 

 

 

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