MI MAMÁ PASTORA JARAMILLO GUTIÉRREZ ( simplemente, Pastorita).
No necesitaba apellidos en Manizales. Era una verdadera institución, con criterios y comportamientos muy propios e independientes, que muchas veces chocaban con los del mundo godo que la rodeaba. De pocos rezos, muchas canciones, buenos aguardientes y una apertura social poco común, particular para su medio y para su condición de viuda. En aquella época, las viudas solo podían rezar, tejer y cuidar de sus hijos. Consagrarse a la ausencia. Por mi casa pasaron y en ella celebraron personajes encumbrados y campesinos. Pastorita era capaz de recibirlos al mismo tiempo, sin que nadie se sintiera incómodo. En sus famosas y magníficas tertulias musicales, el único requisito para participar era el amor por la música. Llegaban personas de toda índole: músicos prodigiosos, estudiantes venezolanos —muy comunes entonces— y hasta homosexuales, algo impensable en nuestro medio conservador. Toda la fauna bohemia de Manizales, incluidos el dúo de moda, bailarines de tango y declamadores, pasó po...