MI TÍA MERCY LONDOÑO LONDOÑO
Ella siempre fue atrevida. Iba adelante. Estudió cuanto pudo en su ciudad: educación formal, clases de pintura y de violín. Mi tío Arturo Jaramillo afirmaba que, a Justiniano Londoño, mi abuelo, le habían impuesto una multa por los ruidos extraños y a deshoras producidos por aquella aprendiz de violinista. Sin embargo, para ella lo principal fue la educación práctica que Justiniano imponía a sus hijos. Les organizaba detalladas excursiones de acuerdo con sus edades. Mercy viajó, junto con sus hermanos menores, a Cartago y luego a Buenaventura para conocer los trenes y los barcos. Justiniano les hacía explicar cómo funcionaban, la importancia del vapor, de las vías y del comercio. Ella disfrutaba pidiendo que la dejaran pitar, tomar el timón, observar los cargues y descargues. Años después les decía a sus nietas: —Aprendía mucho, pero no entendía nada. Llegó entonces la tremenda crisis de 1929-1930 y la economía de guerra al hogar de los Londoño. Sacaron a los hijos del colegio. Mercy n...