MI TIA LAURA LONDOÑO LONDOÑO
Ella vivió casi toda su vida en Bogotá. Cuando era niño la encontraba fugazmente en mis escasos viajes a la capital. Para mí, con el tiempo, se transformó en un ángel. Apareció radiante en mi matrimonio en Girón, en un momento especialmente difícil. Acababan de liberar a mi tío Fernando de su secuestro y ella, junto con su esposo, fue la única representante de los Londoño. Ya antes me había hecho sentir su manto protector al invitarnos a pasar nuestra luna de miel en su preciosa finca de Fusagasugá. Fueron días largos y dulces, llenos de atenciones y con todos los gastos pagados. Yo solo tuve que poner la novia. En Bogotá nos ayudó en nuestros trasteos y solucionó un asunto fundamental: conseguirnos empleada de servicio. Así llegó Toñita, una mujer excepcional que terminó ganándose el cariño de mis hijos. Durante un tiempo también nos acogió en su casa mientras arreglábamos la nuestra. Fue una maestra de la prudencia, del vivir la enseñanza bíblica de “que tu mano izquierda no sepa lo ...