DONDE NO LLEGA NI EL DIABLO
Donde no llegaba ni el diablo, si llegaba yo dos o tres veces al año. Era a la vereda El Salado en Riosucio (Caldas). Una vereda donde nunca llegó en el “Carnaval del Diablo”, porque prácticamente todos sus habitantes eran indígenas emberá que vivían con pobreza, pero en paz. Me acordaban de la frase de Álvaro Gómez H “ los pobres pertenecen a un mundo color de barro”. Más si son mineros. El diablo de estas fiestas de Riosucio es un diablo amable creado para unir a blancos, indios y negros que vivían aparte y en permanente conflicto. Cerca al caserío estaba una mina de carbón “Carbonífera El Salado”, dedicada a producir carbón mineral especialmente para Cementos de Caldas. Con casi dos kilómetros de galerías, profundas galerías que me sentía asfixiado al recorrerlas, donde se extraía el mineral a pico y pala. Eran cerca de cincuenta trabajadores indígenas con la adición de un negro y un blanco en puestos claves. Uno dirigía las perforaciones y otro la reforesta...