DE ZOOTECNISTA A CONDUCTOR
En los primeros años de ejercicio profesional lo tuve claro. Vivía montado en un viejo Land Rover capturando y atendiendo clientes. Al final del día laboral estaban más cansadas mis posaderas que mi cerebro. Comenzaban los efectos de la Ley Quinta sobre asesorías profesionales obligatorias para la asignación de créditos en el campo agropecuario. Entendí que mis reales clientes eran los bancos y comencé a trabajarlos asiduamente. Allí podían recomendarme y casi imponerme ante sus clientes. Trataba de regular mis gastos por el número de visitas técnicas de asesoría autorizadas. Buscaba con ansiedad llegar al punto de equilibrio del presupuesto familiar. De pronto pensé que se me había aparecido la Virgen por un buen contrato para revisar numerosos créditos cafeteros en el Quindío. Organicé mi viaje, alisté mi Land Rover y salí para una larga gira por esas hermosas fincas. La gran ventaja era la proximidad de unas a otras y mi trabajo podía ser eficiente. Veía crecer mis ingr...