MI TÍO ARTURO JARAMILLO GUTIÉRREZ
Arturo Jaramillo encarnaba plenamente al personaje de una conocida poesía satírica de Francisco de Quevedo: “érase un hombre a una nariz pegado”. Tenía cráneo grande para su mediano tamaño, facciones bruscas, ojos verdosos y saltones. Él anotaba que parecía pescado con taco de dinamita. Era una especie de amable caricatura ambulante. Siempre alegre, ácido, de respuestas inmediatas y cómicas. Con talante liberal y poco religioso. Fue profesor de primaria, lleno de imaginación y con una profunda vocación de maestro. De él hay mil anécdotas, algunas incluso publicadas en el periódico regional La Patria por un cronista especializado en revivir personajes. En una de ellas cuenta que alguna vez dicho periodista se topó con Arturo, quien estaba organizando un viaje. Él le comentó que salía urgente para Aguadas porque su hermana Raquel se estaba muriendo. A los pocos días volvió a encontrárselo y le preguntó sobre el tema. Arturo le respondió: “perdimos el viaje, la Raquel no se murió nada”. P...