ME SACAN A VIVIR JUICIOSO
Finalizando mis estudios de zootecnia estaba en el departamento de Nariño, en una excursión sobre ovinos. Estaba tan lejos que no pudieron informarme oportunamente de la muerte de mi mamá. No alcancé a llegar al entierro. Llegué a Manizales estrenando desamparo, y allí pude cobijarme bajo el manto protector de mi novia, Carmen Alicia. Fue un oasis. Me permitió volver a soñar. Luego, la vida normal —marcada por la ausencia materna— me atropelló. Comencé a sentirme como corcho en remolino, sin dónde anidar, perplejo. Dejé las cosas heredadas en la casa de las tías Jaramillo y regresé a mis estudios en Medellín. Al llegar, me buscaron mis mejores amigos, pero notaba que me ocultaban algo. Al fin me lo contaron: según ellos, cronológicamente yo ya debería estar casado con Carmen Alicia. Durante mi excursión ovina, habían enviado muchas tarjetas de invitación a mi supuesto matrimonio a cuanto familiar y amigo pudieron recordar. No encontraron peor momento para su chanza y querían que se los...