MANIZALES PARANORMAL (o casi)
El Manizales de mi infancia lo marcaba un arraigado catolicismo que convivía con creencias mágicas. Se caracterizaba por relatos de espantos, brujería activa en zonas rurales y el reconocimiento a fenómenos paranormales. Como si estuvieran contando del aterrizaje de una nave nodriza llena de extraterrestres, mis tíos hablaban de la llegada de los primeros globos aerostáticos, que llevaban a un arriesgado trapecista en sus vuelos. Referían un abrupto despegue de un gran globo, que arrancó uno de los postes que lo sostenía y que al subir ahorcó a una mula amarrada al poste. Ellos alegaban si había sido una mula o una yegua, pero siempre recordaron la espectacular ejecución en la plaza de Bolívar. En esa ensoñación febril que da lo desconocido, nos visitaban tribus gitanas y junto a sus calderos y artesanías en bronce, atraían con la quiromancia, la adivinación del futuro a partir de las líneas y características de la palma de la mano. Aún era recordada Ros...