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MI TÍO HERNÁN LONDOÑO LONDOÑO

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  Era el menor de los dieciséis —sí, dieciséis— hijos de Justiniano y Mercedes. Alto, bien parecido. Las compañeras de María Victoria, su hija mayor, buscaban invitarse a su casa, con cualquier disculpa, para mirarlo. Sin ínfulas aristocráticas ni intelectuales, sencillo y siempre dedicado a sus labores agropecuarias. Este ejemplo retrata bien su temperamento: alguna vez un primo, el cura Octavio, en una reunión familiar, decidió mostrarnos en detalle nuestro árbol genealógico. Allí aparecía que el primer Londoño en llegar a Colombia había sido un importante propietario de tierras y esclavos: don Juan de Londoño y Transmiera. En medio de aquella solemnidad, Hernán comentó: —Ahora tengo claro que descendemos de “Transportes Mierda”. Siempre tuvo un espíritu alegre y positivo. Así afrontó la pérdida de dos falanges de su dedo anular derecho en un accidente en la finca. Afirmaba que aquello le había hecho ganar dinero: cuando iba a comprar algo, sacaba la mano derecha con la palma ext...

MI TÍO LEÓN LONDOÑO LONDOÑO

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  El 25 de abril de 1944 salía solemnemente de la Catedral de Manizales la pareja que aparece en la foto realmente recién casados. Sorprendentemente, no se dirigieron a su fiesta de matrimonio, sino a la cercana casa de mi padre, quien estaba a las puertas de la muerte a causa de un cáncer. Yo era apenas un recién nacido. Fue una hermosa y triste despedida que mi madre jamás olvidó. Mi tío León fue un importante caficultor. Gracias a su trabajo cuidando la herencia de los Londoño en la hacienda La Arabia, pude contar con apoyo económico para realizar mis estudios y establecerme en Bogotá. Le estoy agradecido, aunque me resulta difícil desprenderme de la imagen temible que tenía de él en mi niñez: la del odontólogo que me atormentaba intentando arreglarme un diente partido, con unas manos que yo sentía enormes para mi pequeña boca y que, además, se daba el lujo de regañarme cuando brincaba, precisamente porque era mi tío. El diente partido fue cortesía de mi primo Oscar Williamson, ...

MI TIO FERNANDO LONDOÑO LONDOÑO

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                                                                                                     Yo quedé huérfano de padre desde la cuna. En Manizales, en mi infancia, era usual denominar a los niños apoyándose en el nombre de su padre. “ahí va el hijo de fulano”. Ante el vacío se referían a mi como “ahí va el sobrino de Fernando”.   Con semejante advocación me tocó ser muy cuidadoso. Tenía que reflejar a un emblema de cultura y civismo y me era difícil. Para completar Fernando Londoño hijo estud...

MI TÍO LEONIDAS LONDOÑO LONDOÑO.

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    Para muchos era Don Leo, un importante dirigente cafetero. Para mí era mi tío. Era visita obligada en mis escasos viajes a Bogotá. Creo tenía algo de interesada por andar siempre con limitados recursos. Al graduarme de zootecnista vine a parar en Bogotá y pude tener con él cercanía. Sus comentarios aprendí a recibirlos con beneficio de inventario para podarlos de excesos, y a aceptar sus órdenes sin comentarlas. Autoritario le encantaba darlas. Siempre lucía su sentido práctico, sin arandelas retóricas. Llamaba pan al pan y vino al vino y aprendí a no contradecirlo. Eran conversaciones muy agradables. Por mi apego a temas familiares le picaba la lengua. Hablábamos de Justiniano, mi abuelo, y su seca respuesta cuando Leonidas le contó que quería dejar de estudiar en Popayán: “Amplio es el mundo y hombre es usted”. No le mandó un peso para devolverse. Volvió a Manizales para trabajar en La Arabia, una de las fincas de Justiniano. Por muchos años dirigió el Comité Nacional de...

ME SACAN A VIVIR JUICIOSO

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Finalizando mis estudios de zootecnia estaba en el departamento de Nariño, en una excursión sobre ovinos. Estaba tan lejos que no pudieron informarme oportunamente de la muerte de mi mamá. No alcancé a llegar al entierro. Llegué a Manizales estrenando desamparo, y allí pude cobijarme bajo el manto protector de mi novia, Carmen Alicia. Fue un oasis. Me permitió volver a soñar. Luego, la vida normal —marcada por la ausencia materna— me atropelló. Comencé a sentirme como corcho en remolino, sin dónde anidar, perplejo. Dejé las cosas heredadas en la casa de las tías Jaramillo y regresé a mis estudios en Medellín. Al llegar, me buscaron mis mejores amigos, pero notaba que me ocultaban algo. Al fin me lo contaron: según ellos, cronológicamente yo ya debería estar casado con Carmen Alicia. Durante mi excursión ovina, habían enviado muchas tarjetas de invitación a mi supuesto matrimonio a cuanto familiar y amigo pudieron recordar. No encontraron peor momento para su chanza y querían que se los...

SEGUNDO ALIENTO

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Lo que mejor revela a un hombre es la mujer que elige.  (José Ortega y Gasset)   Comenzaba a estudiar en la Universidad Nacional de Medellín. Venía de un año que había sido básicamente un año perdido y fui capaz de sentir remordimiento. Traté de ajuiciarme y meterme a fondo en mi Zootecnia La razón de estos cambios positivos, de este segundo aliento, tenía figura de mujer. Un compañero de estudio, quien vivía en Bucaramanga, me invitó a la importante feria ganadera de esa región. Era un poco más joven y lo habían convidado a una fiesta para celebrar los 15 años de una amiga. La quinceañera, al enterarse de que tenía un compañero de estudios en su casa, muy amablemente me llamó a invitarme. Algo ineludible. Yo pensaba que no me habían gustado mucho dichas fiestas, y a mis 22 años las miraba como retozos infantiles. Por cumplir, llegué puntualmente a la fiesta. Felicité a la quinceañera y me senté donde pude, sin conocer a nadie, ansiando un buen trago para animarme y calmar la ...

CON EMBARGO A CUESTAS

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  En 1982, Inpescol, la empresa pesquera en la que trabajaba, se quebró y quedé en el aire, con cuatro hijos a cargo. Años antes, en un momento de expansión de la compañía, algunos directivos fuimos vinculados más estrechamente mediante la adjudicación de acciones en una nueva empresa del grupo: Olita. La entrega se hizo en una ceremonia, con champaña a bordo, en el Club de Ejecutivos. Fue, para nosotros, un momento especial. Pero el terremoto de diciembre de 1979, en el océano Pacífico, con epicentro cercano a Tumaco, magnitud 8,1 y una profundidad de 23 kilómetros, golpeó duramente toda la región e incluso al Ecuador. La infraestructura de la compañía sufrió daños severos. Colaboramos en el rescate de personas con nuestros barcos a lo largo de la costa. Confiábamos en recibir ayuda oficial como grandes damnificados, pero nunca llegó. Seguimos trabajando a media capacidad, con graves dificultades financieras. La empresa apoyó a fondo la campaña presidencial de Alfonso López Michel...