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Mostrando las entradas de junio, 2026

MI MAMÁ PASTORA JARAMILLO GUTIÉRREZ ( simplemente, Pastorita).

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  No necesitaba apellidos en Manizales. Era una verdadera institución, con criterios y comportamientos muy propios e independientes, que muchas veces chocaban con los del mundo godo que la rodeaba. De pocos rezos, muchas canciones, buenos aguardientes y una apertura social poco común, particular para su medio y para su condición de viuda. En aquella época, las viudas solo podían rezar, tejer y cuidar de sus hijos. Consagrarse a la ausencia. Por mi casa pasaron y en ella celebraron personajes encumbrados y campesinos. Pastorita era capaz de recibirlos al mismo tiempo, sin que nadie se sintiera incómodo. En sus famosas y magníficas tertulias musicales, el único requisito para participar era el amor por la música. Llegaban personas de toda índole: músicos prodigiosos, estudiantes venezolanos —muy comunes entonces— y hasta homosexuales, algo impensable en nuestro medio conservador. Toda la fauna bohemia de Manizales, incluidos el dúo de moda, bailarines de tango y declamadores, pasó po...

MI TÍA LEONOR JARAMILLO DE PELÁEZ

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  Me sorprendían sus gesticulaciones al hablar, y yo me preguntaba por qué hacía tantos “miñocos”. De niño, la definía simplemente como la tía de los miñocos. Estuvo casada con un amable abejorraleño barrigón, dueño, en sociedad con sus hermanos, de una buena ferretería en Armenia la cual administraba. No tuvieron hijos. Alcancé a pasar algunas vacaciones con ellos. Vivían en el piso superior de la ferretería y, en una época aciaga marcada por la violencia, sus contradictores políticos le prendieron fuego al negocio. Aquello los afectó profundamente, y a mi tío se le agravaron los problemas de salud. Leonor quedó viuda y se refugió en Manizales, como ya lo había hecho mi mamá con sus dos hijos, en la casa de mi abuela María. Era una mujer demasiado formal. Para completar, no le gustó el novio que tuvo mi mamá en algún momento, y se lo hacía notar. Pero a ella, con su tremendo ánimo, poco le importaba. Leonor fue una excelente profesora de mecanografía y taquigrafía en horario noctu...

MI TÍO ARTURO JARAMILLO GUTIÉRREZ

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Arturo Jaramillo encarnaba plenamente al personaje de una conocida poesía satírica de Francisco de Quevedo: “érase un hombre a una nariz pegado”. Tenía cráneo grande para su mediano tamaño, facciones bruscas, ojos verdosos y saltones. Él anotaba que parecía pescado con taco de dinamita. Era una especie de amable caricatura ambulante. Siempre alegre, ácido, de respuestas inmediatas y cómicas. Con talante liberal y poco religioso. Fue profesor de primaria, lleno de imaginación y con una profunda vocación de maestro. De él hay mil anécdotas, algunas incluso publicadas en el periódico regional La Patria por un cronista especializado en revivir personajes. En una de ellas cuenta que alguna vez dicho periodista se topó con Arturo, quien estaba organizando un viaje. Él le comentó que salía urgente para Aguadas porque su hermana Raquel se estaba muriendo. A los pocos días volvió a encontrárselo y le preguntó sobre el tema. Arturo le respondió: “perdimos el viaje, la Raquel no se murió nada”. P...

MI TÍA MERCY LONDOÑO LONDOÑO

Ella siempre fue atrevida. Iba adelante. Estudió cuanto pudo en su ciudad: educación formal, clases de pintura y de violín. Mi tío Arturo Jaramillo afirmaba que, a Justiniano Londoño, mi abuelo, le habían impuesto una multa por los ruidos extraños y a deshoras producidos por aquella aprendiz de violinista. Sin embargo, para ella lo principal fue la educación práctica que Justiniano imponía a sus hijos. Les organizaba detalladas excursiones de acuerdo con sus edades. Mercy viajó, junto con sus hermanos menores, a Cartago y luego a Buenaventura para conocer los trenes y los barcos. Justiniano les hacía explicar cómo funcionaban, la importancia del vapor, de las vías y del comercio. Ella disfrutaba pidiendo que la dejaran pitar, tomar el timón, observar los cargues y descargues. Años después les decía a sus nietas: —Aprendía mucho, pero no entendía nada. Llegó entonces la tremenda crisis de 1929-1930 y la economía de guerra al hogar de los Londoño. Sacaron a los hijos del colegio. Mercy n...