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Mostrando las entradas de julio, 2026

DESCUBRIR EL CIELO

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  Muchos no la han disfrutado. Yo nací en Manizales y pasaba mis vacaciones en Aguadas. La neblina era parte de mi vida. Salía de mi casa y descubría que mis brazos alcanzaban más lejos que mis ojos. He abrazado la niebla, he logrado caminar en la penumbra, sostenerme del aire que respiro y avanzar con la mirada fija en los pasos que, uno a uno, me conducen hacia un horizonte que no percibo. Hugo Cuevas-Mohr. Descubrir algo a pleno sol no deja espacio para la imaginación: todo es demasiado claro. En cambio, al caminar por la Manizales enneblinada no podía precisar las imágenes y, gracias a mi capacidad de ilusionarme, muchas veces creía intuir a aquella paisana linda que me gustaba; sin embargo, más de una vez, la que encontraba me daba susto. Otras veces, desde mi ventana, cercana a la funeraria “La Equitativa Económica, Cultural y Deportiva”, veía pasar su carroza fúnebre y, en mi niñez, pensaba que la neblina acompañaba bien la tristeza de la partida. Pasaban llorando y terminab...

NEBLINA EN LOS OJOS

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  En 1969, sentado en un viejo sillón de vaqueta en el corredor de la finca de mi abuelo en Manizales, me sentía triste. Pensaba qué tango debía escuchar para acompañar mis sentimientos y en unos rones que ayudaran a desentrañarlos. Me gusta el tono gris que el alcohol le da a la melancolía. Mis tíos habían decidido liquidar la sociedad Londoño Hermanos, propietaria de la hacienda. Con mi hermana Berta, socios minoritarios, habíamos tomado la decisión de quedarnos con algo de terreno. Me ilusioné y comencé a imaginar una nueva vida campesina. Con mi tío Hernán Londoño, reunidos en Villanueva —su finca cafetera—, traté de ponerle cifras a esas ilusiones. Eran cuentas apretadas, pero Hernán, cultivador de muchos años, me animó y remató con una frase contundente: —Mire bien, sobrinito: yo, con mi gran familia, de aquí he comido y he bebido. Se concretó un terreno para nosotros, pero mi hermana no estuvo de acuerdo. Lo que me correspondía estrictamente era demasiado pequeño para conver...

METIDO EN UN BENEFICIADERO DE CAFÉ

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    Dejé de ser niño y de jugar en la molienda. El tiempo pasaba, la panela también, y el café había llegado a La Arabia. Fue un largo proceso de transformación. Ya no endulzábamos: despertábamos. El cambio comenzó a hacerse visible con un mediano beneficiadero de guadua, adosado a la casa principal de la hacienda. El toque mágico consistía en recorrer los corredores de la casa repletos de café oreándose, es decir, terminando de secarse. Nadábamos en café, hacíamos torres de café. Olíamos a café. Llegaron muchas familias nuevas. El café exigía más personal. Eran treinta y cuatro casas de agregados, cada una con su campamento y sus cafetales asignados. El mayordomo era el patrón del corte y dirigía todos los trabajos. Aquello era un verdadero pueblito. Conseguir personal era prioritario, y algún tío decía, en broma, que perseguían a los enanos porque el café «caturra», que comenzaba a sembrarse, era de porte bajo. Cambió hasta el sonido. Dejaron de pasar continuamente las mulas...

METIDO EN LA MOLIENDA

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De niño iba a La Arabia, la finca de mi abuelo, que en ese entonces era una hacienda panelera que tenía un aire muy propio. De llegada, y antes siquiera de verla, un olor delicioso y dulzón me recibía con ánimo la visita. En la estrecha carreterita de acceso nos encontrábamos con largas recuas de mulas cargadas de caña. Todos los días trabajaban unas ochenta. El arriero, afanado y sudoroso, nos saludaba con amabilidad. De pronto, había que cerrar apresuradamente, con la manivela, el vidrio del carro ante alguna inoportuna abeja. Si era el final de la tarde, en el gran patio de piedra, frente a la molienda, veíamos las mulas ya descargadas revolcándose sobre las piedras, rascándose el dolorido lomo, mientras escuchábamos una larga cadencia de pedos estruendosos. Allí aprendí el significado de la expresión “más apretado que pedo de mula”. Estar en la molienda, era el reconocimiento de una especie de mayoría de edad que nos otorgaban a los siete años. Antes no podíamos visitarla solos. Po...