TRAS PEDRO CLAVER


  

Un día cualquiera de  1990, como si fuera lo más normal del mundo, conocí a Pedro Claver en persona. Era párroco en Sabana de Torres Santander, y consiliario de un grupo de parejas. Embebida en la plenitud de  Magdalena Medio , la región era rica en petróleo, gas y palma africana, la receta perfecta de conflictos sociales y soluciones violentas. Me sorprendieron la vitalidad, la entrega y el calor humano del sacerdote.

Con mi esposa éramos responsables, en Colombia, de un movimiento de matrimonios católicos llamado Equipos de Nuestra Señora, y en esos años fuimos a visitar a los equipos de Barrancabermeja y a un grupo fundado hacía poco tiempo en el municipio de Sabana de Torres.

Por temor a los retenes de la guerrilla, salimos en bus desde Barranca con nuestra ropa y equipaje más sencillos, para no llamar la atención. Nos despidieron en Bogotá  orando por el viaje.

Llegamos por tierra hasta la orilla del río Magdalena, poderoso y de amplio cauce, que cruzamos en lancha. Un viaje, con un tinte de aventura. Nos recibió con cariño el padre Claver, que nos tenía preparada su propia habitación para alojarnos. Nos presentó ante el equipo reunido en la casa cural: cinco parejas de matrimonios con un enorme deseo de aprender todo aquello que pudiera ayudarles en su relación conyugal y en su relación con Dios. Muchas preguntas. Eran parejas jóvenes que trabajaban como maestros públicos.

De pronto sonaron varios disparos, y los más asustados éramos los recién llegados. Ellos ya estaban acostumbrados, y en breve les llegó la voz que acababan de asesinar a alguien. Rezamos por el difunto desconocido y continuamos con la reunión.

Al día siguiente, el sacerdote nos invitó a acompañarlo a unos bautizos en la zona rural. Subimos a un destartalado y descapotado jeep Willys, tragando todo el polvo del mundo, hasta llegar a unas pequeñas comunidades que acogían con especial cariño al sacerdote y que se habían esmerado en arreglar el lugar donde se celebraría la ceremonia. Con el calor yo creía que esas cruces que ponían estaban cansadas de tener los brazos abiertos.

Visitamos varios caseríos llenos de niños y de pobreza. Al mediodía nos ofrecieron un sancocho de gallina que, por el tamaño y el color de las presas ,yo, antiguo cazador, lo reconocí enseguida, supe que era de una pava silvestre de buen tamaño. No fue fácil comerla, pero la agradecimos en el alma, era lo mejor que tenían. Al día siguiente volvimos a cruzar el río y salimos para Bucaramanga.

Al poco tiempo de nosotros irnos, las Autodefensas Unidas de Colombia amenazaron de muerte a los maestros, quienes tuvieron que salir precipitadamente. La educación es lo más temible para los violentos. Sin embargo, la semilla fructificó y hoy existen numerosos Equipos de Nuestra Señora en Santander.

No volvimos a saber del Pedro Claver santandereano, pero el amigo sacerdote quedó grabado en nuestro corazón, por su compromiso pastoral y humano con sus fieles. Pocas vi reflejado tan bellamente, un comprometedor nombre de pila, en quien lo lleva.

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

MI TÍO HERNÁN LONDOÑO LONDOÑO

MI NOVIO NACIÓ MUERTO

MI TIO FERNANDO LONDOÑO LONDOÑO