EL PAPEL SELLADO CONTRA LA COLONIZACIÓN
Mon y Velarde, oidor de la Real Audiencia española y gran reformador, efectuó un cambio en el medio social de Antioquia que le dio ímpetu a la naciente colonización. Modificó el ambiente jurídico y humano, revocó el espíritu feudalista. Al sacudir la inacción y convertir en propietarios a aquellas gentes, aumentó el promedio de hijos por familia a ocho y abrió una fuente de esperanza reivindicadora, así comenzó a caer la selva.
El decaimiento de Cartagena y Popayán por la independencia fue preludio de grandes cambios. Se despoblaron perdiendo gran parte de su élite y de su importancia. La ruptura violenta con España impulsó el reemplazo de los antiguos ejes de poblamiento por unos nuevos.
Sonsón es el punto de la avanzada agrícola hacia el sur: fundación de Aguadas en 1808, Salamina 1825, Pácora 1829, Quinchía 1842, Neira 1844, Manizales 1849 y muchos otros municipios.
Abejorral, muy cercana, no fue producto del trabajo de una “comunidad”, sino una jugada jurídica para conservar la concesión de tierras de la concesión Villegas. Buena parte de quienes los acompañaron eran asalariados y esclavos.
En las primeras colonizaciones el trabajo era colectivo, un proceso comunitario de gente pobre. La fundación de San José de Ezpeleta de Sonsón, impulsada por el mismo oidor, cuyo principal argumento para fundarla fue su calidad de tierras inutilizadas, originó tremendos enfrentamientos y fue la punta de lanza de la colonización.
En un memorial al rey anotaba: “he venido observando que en esta provincia ha sido mayor el abuso de estas concesiones que en otra parte alguna, y tanto más perjudicial, cuanto mayor el número de desamparados, sin terreno que trabajar, pues cada uno ha pedido a su antojo y los que se hayan subdelegados, concedieron sin más conocimiento que el de su condescendencia.”
Desde 1789 los campesinos hacen un memorial al gobernador: – Nosotros, los suscritos vecinos de la ciudad de Rionegro y del valle de San José de Marinilla, venimos ante vos con toda humildad (…) y declaramos: Hemos sido llevados a este movimiento por nuestra extrema pobreza de bienes materiales y por la escasez de tierras, ya para cultivarlas como propias o en las cuales construir habitaciones para nosotros y nuestras familias. Así hemos venido, sin dinero, a estas montañas de Sonsón, donde hay buena tierra, amplios pastos para nuestros ganados, salinas y ricas minas de oro, a hacer nuestras casas y a erigir una nueva población. Esto traerá beneficios, tanto para nosotros como para el Real Tesoro. –
La reacción inicial de los latifundistas fue moderada por el escaso valor de esas tierras. Años más tarde hubo una fuerte reacción de varios de ellos, a veces violenta, llena de fraudes legales, engaños geográficos y todo tipo de presiones.
Conquista y legislación fueron un proceso simultáneo donde las normas legitimaron la presencia de los españoles. Casi todo el territorio que luego sería el objeto de la colonización se adjudicó por Cédulas Reales (concesiones).
Mon y Velarde dio los primeros pasos para esta reforma agraria. Luego la ley del seis de mayo de 1834, sobre fundación de poblaciones y adjudicación de baldíos sancionada por el general Santander es la continuación de esa obra. De allí parte la reforma que apoyarán los gobiernos posteriores de Herrán, Mosquera, López y Obando.
Estos gobiernos coinciden con el apogeo del fenómeno colonizador dándose así una reforma de hecho y de derecho, la más importante que se ha dado en el país.
El general Mosquera sancionó dos leyes fundamentales. Sorprenden por su brevedad y por la diligencia que puso en reglamentarlas y aplicarlas. La primera fue la Ley 1834 (abril 1848) la cual decreta en su artículo único: – se autoriza al Poder Ejecutivo para que pueda declarar pertenecientes hasta diez fanegadas de tierra baldías al granadino que las haya cultivado –. Luego la Ley 1879 (marzo de 1849) en su artículo único: – queda facultado el Poder Ejecutivo para adjudicar en plena propiedad hasta diez fanegadas de tierras baldías, a la orilla de los caminos nacionales, a cada familia que allí se establezca, bajo la condición que habite y cultive el terreno adquirido. Pertenencia legal basada en razones diferentes al dinero –.
Mediante este entramado jurídico y en forma sencilla, luego de haber sufrido la región grandes y violentos conflictos, miles de colonos pudieron poseer legalmente gran cantidad de hectáreas consolidando la ocupación de hecho que en buena parte se había dado. Este hecho jurídico es usualmente desconocido y olvidado.
Sonsón fue fundada en terrenos de la Concesión Villegas. Sus ricas tierras maiceras atrajeron colonos y llegó a ser, por más de ochenta años, la segunda ciudad de Antioquia.
La fonda de Manuela Ocampo, al sur de Sonsón, fue famosa y a su alrededor comenzaron a afincarse los colonos. El sitio era conocido como La Aguada. El presbítero Esteban Leonín de Estrada, de la élite de Rionegro, quiso apropiarse de esas tierras, ofreciendo facilidades para su posterior venta y anotando, que su valor se repartiera en tres porciones: – para la santa iglesia, el rey y la otra para mí–. El fundador principal de Aguadas fue José Narciso Estrada en 1808.
Lento y difícil fue el arranque de la nueva población. Luchar contra las pretensiones de los Aranzazu, la rivalidad política y económica entre los dos grandes grupos fundadores, los Estrada realistas y con importantes eclesiásticos y los Isaza, patriotas y gamonales abejorraleños.
Nada fue fácil en el nuevo camino.
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