EL CARRIEL TAMBIÉN LLEVA IDEAS


 

Nota del editor:

Hace unas semanas, cuando nuestro querido cronista anunció su intención de despedirse de estos Recuerdos de Justiniano, después de más de ciento cincuenta domingos compartiendo sus memorias, les propuse que no confundiéramos el final de las anécdotas con el final de la conversación. La vida, afortunadamente, no está hecha solamente de las cosas que nos pasan. También es lo que aprendemos de ellas, las personas que nos enseñan a mirar y las ideas que terminan por acompañarnos como si fueran parte de la familia. Y como él sigue empeñado en no dejar caer el carriel, hemos encontrado una nueva manera de llevarlo. Esta vez nuestro cronista quiere compartir su admiración por José Ortega y Gasset, uno de los grandes pensadores españoles del siglo XX, quien desde la España de otro tiempo encontró la manera de conversar con un muchacho educado en Manizales, entre maestros exigentes y libros prestados por un tío que sabía que aprender a pensar es bastante más difícil, y más valioso, que aprender a repetir.

Y no se preocupen quienes han venido buscando las aventuras paisas, los personajes pintorescos, la familia y las risas de tantos domingos. No pretendemos convertir esta cita entrañable en un salón de clases. Sospecho que detrás de muchas de las historias que hemos leído se encuentra algo de lo que él aprendió con Ortega. Porque los arraigos no son solamente geografías, apellidos o tradiciones. También son los libros que nos formaron, las conversaciones que nos transformaron y esa manera particular de entender el mundo que construimos con los años. Me emociona imaginar al joven Luis Augusto Justiniano descubriendo, entre las montañas de Caldas, que las grandes preguntas de la humanidad también podían ser suyas. Hoy, después de más de ochenta años bien vividos, se acerca a estas páginas con la gratitud hacia quien lo invitó a desconfiar de las certezas fáciles, a pensar por sí mismo y a comprender que la realidad es mucho más rica que la pequeña porción que alcanzamos a ver de ella. Una invitación que, en los tiempos que corren, parece menos una lección de filosofía que una saludable forma de cortesía con la vida.

Hay, eso sí, una novedad en nuestra cita con ustedes. A partir de ahora, los Recuerdos de Justiniano llegarán cada dos semanas. Cambiamos la prisa de los domingos sucesivos por el gusto de encontrarnos con un poco más de tiempo para escribir, leer y meditar, como se disfrutan las buenas conversaciones. Hoy comenzamos por conocer al hombre que despertó esa admiración. Lo demás irá apareciendo con la calma de quien abre un libro sin afán y descubre que, entre sus páginas, también se encuentra consigo mismo. Gracias por seguir acompañando a mi adorado papá y por sostener con su lectura este puente de afectos. El carriel sigue lleno y el cronista, afortunadamente, todavía tiene mucho que contarnos.

 

 

José Ortega y Gasset 

(Madrid, 9 de mayo de 1883 – Madrid, 18 de octubre de 1955).

 

El 9 de mayo de 1883 en Madrid, nacía el ensayista y filósofo José Ortega y Gasset. Nacido en una familia burguesa de la alta sociedad Madrileña, estudió en el "Colegio San Estanislao de Kostka" de Málaga, mientras su vida se desarrollaba entre periodistas y pensadores ligados a su padre comienza sus estudios universitarios en la Universidad de Deusto, Bilbao y prosigue en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid. 

Recién recibido de "Doctor en letras" publica "Los terrores del año mil, Crítica de una leyenda", e inicia una gira de estudios y perfeccionamiento por Alemania, a su regreso en octubre de 1910 obtiene la cátedra de metafísica de la Universidad Central de Madrid. Ya instalado en España se casa con Rosa Spottorno, con quien tiene 3 hijos, Miguel Ortega Spottorno, Soledad Ortega Spottorno y José Ortega Spottorno, quien fundaría el diario "El país". En 1917 comienza a escribir en el diario "El sol", en forma de folletín sus más importantes obras, "España invertebrada" y "La rebelión de las masas", para ese momento ya era el exponente principal de la teoría del perspectivismo y de la razón vital. Como diputado electo, trabaja en la elaboración de la constitución de la "Segunda República Española" donde ya sostenía que las diferencias entre Vascos, Catalanes, Gallegos y demás regiones harían difícil la integración total de la república y que la inclusión de la Iglesia como poder del estado atentaba contra la democracia plena. 

Cuando estalló la guerra civil española, a regañadientes y bajo amenaza firmó un manifiesto del partido comunista en contra del golpe de estado y a favor de la "República". Debió exiliarse en París desde donde escribió "En cuanto al pacifismo" donde se expresa contra Franco y sus métodos, su exilio continuó en los Países Bajos y Argentina hasta que en 1942 fija su domicilio en Lisboa, Portugal. A partir de 1945 se le permite regresar a España y cobrar sus sueldos atrasados, una importantísima suma, pero no se le devuelve la cátedra. Fue en Alemania, donde más se apreciaba su conocimiento, que encontró el lugar para pasar el final de sus días. En uno de sus esporádicos viajes a España, murió en Madrid el 18 de octubre de 1955. 

 

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