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YO VIVÍ EN UN PARQUE

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Foto: Victor Hurtado El lugar donde soñamos, tomamos conciencia de nosotros mismos y tratamos de realizar nuestras ilusiones es el lugar donde realmente vivimos, con más importancia que el lugar físico donde dormimos y nos alimentamos. Tratar de hacer una narración hilada, cronológica, sobre el tema no es posible. Simplemente pondré juntos mis recuerdos alrededor de este hermoso sitio bendecido por un guadual y envuelto a veces por la neblina. Desde mis seis años de edad, y hasta los 20, mi centro vital fue el Parque Caldas. Curiosamente viví en cinco casas en su alrededor. Recuerdo los trasteos entre ellas, en carretilla, exhibiendo los viejos muebles que ya habían perdido su elegancia, bajo la mirada evaluadora de las vecinas. Mi tío Arturo decía, con razón, que cada trasteo equivalía a la cuarta parte de un incendio. Todas las casas a menos de cuadra y media de la estatua del sabio Caldas que le dio nombre al sitio. Viví por catorce años en el parque Caldas.  El punto central er...

EL SERÁFICO DOCTOR NO

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    Nací en los años 40 en Manizales. Una ciudad arropada por la neblina y el cultivo del café, profundamente conservadora ,hasta los liberales iban a misa     , y con normas tajantes para todo. Aparecí como la cereza en el postre equivocado, inquieto y rebelde. Solo cabía una posibilidad para mi educación y era la permanente aparición del seráfico doctor no. Con las características que se consideran de los angelicales serafínes todos decían buscar mi salvación con sus negativas, aunque creo que era más por tenerme quieto y evitarse molestias, no coja eso, no vaya a matarse, no se lo repito más, no grite tanto. Para completar el cuadro me matricularon en un colegio católico, propiedad de la curia, donde aplicaban a rajatabla los diez mandamientos de los cuales siete comienzan con un enfático no imperativo. Mi primaria fue el equivalente al Antiguo Testamento en la vida de Israel. Muchos recreos los viví parado mirando un muro y a ratos con los brazos en alt...

VIDA SOCIAL

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  Se hablaba de vida social en los periódicos que se llenaban de fotos de fiestas y reuniones. La comenzábamos con la ceremonia de nuestro bautizo. Allí éramos el personaje principal, y a pesar de serlo, nos desvistieron parcialmente, nos mojaron, nos untaron aceites raros y nos hicieron llorar. En la fiesta los demás se atracaban de ponqué y vino, para nosotros, el tetero de siempre. Una clara injusticia. Llegaron los ruidosos cumpleaños infantiles. En la primera infancia terminábamos todos babeados por las caricias de las señoras de la fiesta, mareados por el paso de mano en mano, y nos seguían embutiendo el famoso tetero mientras los demás se atiborraban de pasteles y vinos. La misma injusticia.  Más adelante, antes de entrar, nos entregaban el regalo para el homenajeado. Queríamos quedarnos con él, y nos pellizcaban: no lo arrugue, llévelo derecho, sonría. Arrancábamos mal en la fiesta. Alguna vez un niño, que venía justo detrás de mí, traía una pelota de regalo y, a voz e...

EL TANGO Y YO

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El tango, símbolo musical y social de Buenos Aires, la imborrable marca de una marea de inmigrantes sobre la tierra prometida, y un manizaleño marcado en vida por sus estrofas y sus compases.  “Tango que me hiciste mal y sin embargo te quiero porque sos el mensajero del alma del arrabal” Mi segundo hogar fue la casa de mi abuela materna donde se refugió mi mamá tras la temprana muerte de mi padre. Estaba en un tranquilo barrio donde se empezaba a construir una gran plaza de mercado, Las Galerías. Esto cambió la vida de la familia que necesitó huir al poco tiempo de llegar el nuevo ambiente.  Viví pocos años en ese entorno, comenzaron los cambios; ruido, ajetreo y música en las “vitrolas”. De ellas ,un tango que aún me persigue:  Vencido Cuando creí perderte sentí paralizado el corazón Sentí faltarle el aire a mis pulmones. Sentí que me moría de dolor Un gris comienzo musical que poco entendía, pero marcó mi sensibilidad. Al crecer sentía que el tango era solo de arrabal y...

CAMINANDO SOBRE LETRAS

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  Estaba muy niño aprendiendo a leer, devoraba cuantas letras se me aparecían, y al pasar por el Parque Caldas leí con dificultad un aviso, “Caja de ahorros de Cir-obreros”. Me extrañó y le pregunte a mi tío Arturo Jaramillo que era eso de “cir-obreros”. Círculo de obreros, me aclaró. ¿Y dónde le dejaron el culo? pregunte en automático.         Aprender a leer es muy difícil. La palabra es un símbolo, no es lo que describe, pero lo convierte en realidad. Es algo mágico. Yo quería practicar a toda hora y me ganaba regaños por mover, para poderlos leer, los gruesos afiches de la Lotería de Manizales que mis tías ponían como caminos en el suelo de la casa cuando enceraban el piso. Alguna vez, en un almacén, me dijo mi mamá en tono sorprendido, ¿qué es lo que le mira?, cuando yo trataba de leer un llamativo aviso en las nalgas de una señora. En esa época algunas telas literalmente copiaban las páginas de los periódicos y así podíamos leer sobre muy especiales soport...

PERRA VIDA

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  Vivo hace 45 años en un condominio de 112 casas, amplio, ordenado, con muchos jardines que invitan a recorrerlo. Hace cuatro décadas disfrutaba paseando a mis niños y compartía con mis vecinos en idéntica grata tarea. Tiempos de armonía. Desde hace algunos años salgo a pasear con mis nietos y observo pocos niños y a muchos de mis jóvenes vecinos paseando perros: canes hermosos, bien tenidos, super cuidados, algunos de ellos increíblemente parecidos a sus dueños.   Marchan seguros, exigentes, cuasi humanizados, posesionados de su papel de miembros de la familia. No necesitan prestar servicio alguno sino ser acompañantes, envalentonados con su cambio de ser simples perros a adoradas mascotas. A veces reemplazan a los hijos. Tengo que caminar con cuidado para que no me tropiecen, me enreden en sus correas o pise algún incómodo recuerdo, que indiferentes dejaron en el suelo a pesar de los coloridos recipientes con letreros indicando su uso como receptores de sus excretas. Lo...

NO DEPENDE DE MI

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Antes no tenía tiempo para que se me enredaran los recuerdos y la mente. Cuatro hijos necesitaban de mi continuo esfuerzo, de mi trabajo independiente, y debía estar muy activo tratando de vivir de mi título de Zootecnista (el cual les daba algún rigor a mis propuestas comerciales), visitando a los clientes, ofreciendo innovaciones, atento al mercado. Quería vivir de lo aprendido en mis viejas clases de nutrición animal y no me quedaba tiempo para elucubraciones. Ya estoy jubilado, el tiempo no me acosa, puedo disfrutar, profundizar mis ideas y aún escribir sobre ellas. Se escribe pretendiendo ser leído y no sé cuánto lo logro y me lo pregunto. Tengo tiempo para releer mis notas, para rumiar mis ideas. Algunas veces quedo conforme con los cambios que se me ocurren, pero, con frecuencia, ante tantas posibilidades pierdo confianza y me paralizo. Llego a pensar, como bien lo expresara el poeta Nicolás Suescún:   “No depende de mí   sino de algo que me mueve   y me ...