Entradas

MI TÍA HACÍA MIÑOCOS

Imagen
    Era mi tía Leonor Jaramillo quien me sorprendía con sus gesticulaciones al hablar, y yo me preguntaba por qué hacía tantos miñocos. Estuvo casada con un amable abejorraleño barrigón, dueño de una buena ferretería en Armenia, que manejaba en sociedad con sus hermanos. No tuvieron hijos. Alcancé a pasar algunas vacaciones con ellos. Vivían en el piso superior de la ferretería, y en una época aciaga de violencia, sus contradictores políticos le prendieron fuego al negocio. Aquello los afectó profundamente, y a mi tío se le agravaron los problemas de salud. Leonor quedó viuda y se refugió en Manizales, como ya lo había hecho mi mamá con sus dos hijos, en la casa de mi abuela María. Era una mujer seria. No le gustó el novio que tuvo mi mamá en algún momento, y se le notaba, pero a Pastora Jaramillo, con su tremendo ánimo, poco le importaba. Leonor fue una excelente profesora de mecanografía y taquigrafía en horario nocturno, y durante el día trabajaba como secretaria en alguna ...

MI DUETO INOLVIDABLE

Imagen
    Madre e hijo, mi dueto inolvidable. Tengo muchos años, y en mi intimidad aún no sé, donde termina ella y donde comienzo yo. Pastora Jaramillo, hace demasiado tiempo, tomó una nueva forma de presencia y no necesito verla, solo sentirla. Siento temor en mi tiple cuando hoy lo tocan  mis inseguras manos, temor de su propio sonido, de mi voz trémula y cansada. Insisto en tocarlo. Quedan los recuerdos, y la música es la más segura forma de evocarlos. Para mí dejar totalmente el tiple, sería comenzar a enterrarme. Muy niño mi mamá inició la difícil tarea de enseñarme a tocar y cantar. Me sobraban ganas, pero me faltaba buen oído. La primera canción que aprendí fue Ando Borracho, de José Alfredo Jiménez, en algo fue premonitoria. Aún no se me ha olvidado. Por el atractivo de oír a mi mamá en las reuniones de mi casa, el fiel auditorio me dejaba acompañarla en algunas canciones, cantando suave para disimular mis deficiencias, para arroparme con ella. Viejas canciones and...

LA BENDICIÓN DEL PADRE CHOCOLITO

Imagen
  Nadie conocía su nombre: José Domingo Osorio. Simplemente era el padre Chocolito. Por años estuvo trabajando en la parroquia de la Inmaculada en Manizales. A las cinco de la mañana se tomaba el primer trago para soportar el frío del Rosario de la Aurora. Tuvo una vocación tardía y conservaba viejos resabios como tomarse algún aguardientico, en pocillo de café, que solicitaba en el café del frente a su parroquia como “sírvame un bendito”, y debajo de su sotana cargaba un revólver que jamás utilizó luego de ordenado. Una pareja con una evidente y exagerada diferencia de edades y de posición económica ,buscaba un indispensable permiso para casarse. Lo habían solicitado en todas las parroquias en su paso de Aguadas hacia Manizales, y les habían cerrado todas las puertas que tocaron en los despachos. Por eso terminaban esa tarde, en un bar, pidiendo la autorización del padre Chocolito. El cura se había ordenado luego de una larga vida y muchas experiencias, lo que le permitía con faci...

ENAMORADO DE LIBERTAD LAMARQUE

Imagen
    Comenzaba la testosterona a agitarme la vida y mi tío Arturo me llevó al Teatro Manizales a un concierto de Libertad Lamarque. Fue un choque total. Se me salían los ojos para verla bien. Arturo notó mis afanes. Me habló de ella, de su nuevo amor, que era el pianista acompañante, y me ofreció comprarme un disco de la artista. Yo no quería contentarme con eso y lo obligué, al final de la actuación, a llevarme a su camerino. No era fácil, pero mi tío, muy conocido, narizón y sonriente tenía muchos amigos y nos dejaron pasar. Nos abrió el pianista. Yo lo envidiaba. Ya estaba informado de mi locura juvenil y amablemente comentó que teníamos puntos en común. Casi le aclaro que eran en común pero que el mío era solo un ensueño. Me advirtió que tenía muy poco tiempo y apareció sonriente la cantante. Tomó mi mano y pude naufragar en sus ojos verdes.  No pude hablar. No necesité hacerlo. Mi arrobamiento era total y ella lo comprendía. Un suave tirón de mi tío me hizo retirarme....

PREOCUPADO POR TENER UNA PELOTA CHIQUITA

Imagen
       Un torrente de niños alegres caminábamos hacia una elegante casa en el centro de Manizales. La felicidad nacía de la fiesta de primera comunión que se insinuaba magnífica. Todos queríamos disfrutarla y nos agolpábamos en la puerta. Parejas de madre e hijo y el infaltable paquete del regalo. Un amplio zaguán nos permitió ver al fondo la mesa central y todos los preparativos. Inquisitivos, como siempre, queríamos saber cuál sería la sorpresa que al final nos llevaríamos con nosotros a casa, esa que nos tenían reservada. El enjambre infantil miraba la mesa, el enorme tamaño del ponqué y buscaba afanosamente la ansiada sorpresa. Alguien la descubrió gozoso y regó la noticia. Era una gran pelota de letras. Corrió la información y un niño vecino jaló el vestido de su mamá, con cara de avergonzado, comentándole: mi pelota de regalo es más chiquita. La avergonzada era la mamá y la marea infantil en el zaguán no los dejaba devolverse. Ella no sabía que decir y quería p...

SEMANA SANTA EN AGUADAS

Imagen
        De niño sagradamente me llevaban al pueblo a vivir la Semana Santa. Me entusiasmaba, había fervor religioso y todo era una gran obra colectiva de teatro. Para la época y en los pueblos aislados era casi el único espectáculo. La colonia Jaramillo de Manizales atiborraba las casas de mis tías. Viejas casas de tapia y bahareque con patio central y entrada para animales de trabajo y vacas de leche. Sus residentes conservaban “mangas” cercanas para alimentar a sus animales y así las mañanas comenzaban con el ordeño, demasiado temprano para mí. Me consentían con un gran vaso “de herradura” con raspadura de panela y lleno de leche “postrera”, la más espumosa. Eso me animaba. Luego un gran desayuno con chocolate casero y arepas antioqueñas calentadas en fogón de leña, huevos en variadas presentaciones y, ante mis ruegos, rompían la sencillez con una buena tajada de pionono, el delicioso enrollado de frutas tradicional. Tan delicioso que afirmaban que su receta la hab...

QUE SOÑAR PAGABA

Imagen
                      Gonzalo Mejía Trujillo les enseñó a los antioqueños, que soñar pagaba. Antioquia necesitaba zarpar al Atlántico y uno de los grandes sueños del empresario fue la carretera al mar para comunicar a Medellín con el mundo. Algo quimérico cuando impulsó la idea a mediados de los años 20. Los puso a soñar. Logró motivar a las matronas antioqueñas para entregarle oro para la epopeya. Le entregaron 250 castellanos que hoy valdrían más de $409.000 millones de pesos. Puso manos al trabajo y en el año 1956 pudo completarse su sueño y el puerto de Turbo y su zona bananera han pagado con creces esa suma. Con unos amigos antioqueños me fui de paseo a Turbo en 1967. Éramos jóvenes sin conciencia de la importancia de la carretera al mar. Solo queríamos conocer y tomarnos unos aguardientes en las playas del Caribe. La región era una zona de colonización. La forma de hacerla era con pequeños aserríos temporales. Derribaban unos ...